Netflix impone una fuerte tendencia en Latinoamérica con su contenido más reciente. Los espectadores eligieron una impactante miniserie que relata una escalofriante historia real. A lo largo de cinco episodios, el director Gustavo Lipsztein dramatiza el accidente del cesio-137 que ocurrió en Brasil en 1987, considerado el peor desastre nuclear fuera de una central.

La verdadera historia detrás de la miniserie de Netflix

Todo empezó cuando dos recolectores de basura, Wagner Pereira y Roberto Alves, encontraron una unidad de radioterapia en un hospital abandonado en la ciudad de Goiânia. Los hombres desmontaron el aparato y lo vendieron al depósito de chatarra de Devair Ferreira. En el interior de la máquina, descubrieron un cilindro con 19 gramos de cesio-137, una sustancia altamente peligrosa.

El material emanaba un extraño y llamativo brillo azul que cautivó a Ferreira, a su familia y a sus vecinos. Durante los carnavales, varias personas untaron el polvo radiactivo en sus cuerpos para brillar en la oscuridad sin dimensionar el riesgo. Poco después, los involucrados sufrieron vómitos, diarrea y partes del cuerpo hinchadas. Los médicos diagnosticaron alergias alimentarias hasta que María Gabriela Ferreira, la esposa del chatarrero, vinculó los síntomas con la cápsula y la entregó a una oficina de salud del gobierno local.

El físico Walter Mendes Ferreira analizó el objeto con su detector de radiación, confirmó el altísimo nivel de contaminación y alertó sobre el inminente peligro en toda la zona. El gobierno examinó a más de 110.000 personas y aisló a los pacientes afectados en un estadio de fútbol vacío. Las autoridades ocultaron la gravedad del problema a la sociedad: dejaron a los enfermos sin acceso a la televisión, demolieron casas enteras, talaron árboles y sacrificaron animales para contener la crisis.

La tragedia causó muertes dolorosas y dejó a más de 200 personas contaminadas. La exposición directa a la radiación acabó con la vida de María Ferreira, de dos trabajadores del depósito y de Leide, la sobrina de seis años del chatarrero, quien ingirió el polvo durante una comida. Milagrosamente, los dos recolectores y el dueño de la chatarrería sobrevivieron a los altos niveles de toxicidad.

En el año 1996, la Justicia brasileña condenó a cinco responsables de la clínica que abandonó la máquina médica a realizar servicio comunitario tras reducir sus penas de prisión iniciales. Hoy, esta historia atrapa al público mundial a través de la exitosa ficción de la pantalla chica.